sábado, 12 de diciembre de 2015

Mi (des)orden.

Guardo todo lo que he perdido en borradores.
Cada pedazo hecho añicos de los mundos que no he pisado bajo la cama.
Los suspiros de todos los muertos en los que me he convertido entre los dedos.
El aliento del viento en noches de invierno bajo el pelo.
Las copas de todas las últimas cenas en cada decisión importante.
Los miedos en frasquitos pequeños de cristal muy muy fino.
La sangre en el congelador mientras hierve.
Los sueños dentro de un calcetín que duerme bajo mi almohada.
Las miradas en otros ojos.
Los besos en otros labios
y los abrazos en el llanto de un suicida antes de colgarse de la cuerda floja.

Guardo todo de lo que he querido librarme en algún momento de mi vida
para cuando quede de nuevo conmigo y me hagan falta explicaciones.
Lo único de lo que decidí despojarme fue de las mentiras.

De las veces que me he tropezado por ir mirando al suelo.
Del insomnio mirando al techo.
Del dolor mirando a otro lado.
De las guerras con la vista puesta en mis propias manos.

Y asumo así que he tenido días de asco y miedo.
Que me he dado de todo menos cariño.
Que no he sido ni mía ni de nadie.
Que no he querido serlo
y que eso es todo lo que he querido en mucho tiempo.
Que he intentado olvidarme del pasado y de la historia.
Que he manchado mis apellidos de mierda para ver si así se camuflaban
y de tanto hacerme el protector me volví del todo predador
y me mordí por dentro desgarrándome los únicos recuerdos que valían la pena.
Agaché la cabeza, ni siquiera buscando la moneda de cara que me diera una tregua.
Agache la cabeza y m guardé los miedos.
Hasta que de tanta herida llegué a ser hueso.
Hasta que vi a mi hermano llorar una mañana porque unos hijos de puta le pegaban en el colegio
porque yo le había regalado un libro de poesías
y porque eso era de maricones
y porque ellos eran los valientes
y porque yo, nunca sabría cómo explicar qué se siente
cuando te guardas lo que no debes
y regalas lo que tendrías que quedarte
para al menos
intentar por momentos
salvar el mundo
de los tuyos.

Y ahogué mis miedos viéndolo a él luchar contra los suyos,
viendo a mi padre correr hacia el fuego
y a mi madre adentrarse en la selva.

Y enterré a mis miedos cuando se fue mi abuelo,
cuando cantó mi abuela
cuando murió mi perra.

Y quemé mis miedos cuando ardió mi casa en el incendio,
cuando me desnudé frente a un espejo
y me dejé tocarme por ellos.
Cuando grité,
volé mis miedos por los aires y salí a la calle a celebrar
que parecía como ellos pero sin serlo,
que había hecho una maleta de sueños
y asesinado a un pasado de viejos hijos de puta
acabando con todo.

Guardo la libertad al pecho y puedo decir a voces
que suena a revolución y playa,
que suena a cruzarse de piernas y tomar asiento,
que suena a cerrar los ojos,
A Chandra Mohan Jain,
Achaira Rajnísh,
a Bhagwan Shri Rajnísh,
A Osho en los noventa,
a los secretos del descubrimiento
una vida plena.

Guardo
las guerras para quién las quiera
y los miedos para quién los venza.

Hay un cartel en la puerta que pone
“Sed bien venidos”
a mi montaña de ruinas
habéis venido a beberos
todos mis sueños.

Comiendo del recuerdo

De mi obsesión por las estrellas fugaces

mi mejor filia nunca fue la estrella

sino todo lo demás.


He estado escondida en cientos de baños de bares hasta que amaneciera, y de hospitales y de colegios y de casas ajenas

y nunca, nunca, nunca me han encontrado perdida.

He pecado, y por eso puedo decir a ciencia cierta que arrojo la piedra con la mano abierta desde la mentira más sincera.

He querido, casi sin querer, a cualquiera por encima de mí misma, y ninguno me ha enseñado a compartir.

Me he fugado de dos campos de concentración con la capacidad de un disperso continuo.

He bajado al infierno, me he encendido un cigarro y he subido solo para contarlo.

He muerto de hambre algunos lunes,

muerto de miedo algunos martes,

muerto de frío algunos miércoles

y muerto de asco todos los días.

He levantado la cabeza para mirar por encima del hombro a un vagabundo y sentirme mierda.

He dado de comer a mi vecina cuando estaba en silla de ruedas. Sin mas.

Me he ido de casa, ahora entiendo que no desde el desprecio, sino desde el aprecio por el aprendizaje.

He dejado los estudios, para demostrarle al mundo que soy mucho más que, eso, una tía que ha dejado sus estudios.

Para demostrarle al mundo que, nadie tendría que salir ahí fuera a demostrarle al mundo nada, si no es su mundo.

He querido besar a mi mejor amiga,

pegar a mi mejor amiga,

llorar con mi mejor amiga

y morirme con ella.

Lo único que no he logrado es eso ultimo

Lo único que me asusta, no poder hacerlo.

He visto la muerte a los ojos cuando se moría mi abuelo en la cama de aquel hospital, yo mientras, no he conseguido olvidarlo, me veía al espejo crecer a ostias.

He sido tantas veces tesoro marino que ya nadie recuerda que algún día fui el naufragio mas triste del océano.

Me he desentendido tan poquitas veces del resto que cargo mas de ellos que de mí dentro.

He corrido, y me he corrido, en direcciones opuestas a un tiempo solo para no tener que esperar más allí dentro y tirar de la cadena antes de irme.

He aprendido que la mierda, siempre, siempre, siempre, flota.

Que lo único que no pienso declarar en plena guerra será la prohibición a la desnudez en una estancia compartida.

Y que si uno quiere, puede encontrar las similitudes de un mismo beso bajo muchas lenguas.

He aprendido que los sapos son de bosques futuros,

los príncipes de cuentos pasados

y los Judas de tiempos presentes.

Que nunca he creído en ningún dios pero si he follado con alguno.

Que no existe paz entre una música de asfalto por más abrazos.

Que hay lugares que son personas, y eso no debería cambiar nunca.

Que el pasado siempre vuelve y no pensarlo es de gilipollas.

Que al futuro estamos llegando, espera y avanza que vas tarde.


De mis pies he aprendido que el único camino soy yo misma.

De mi sexo he aprehendido el recuerdo.

De mi espalda que con peso uno también crece.

De esta boca que hay más labios suicidas que revolución.

Y de mis ojos que no pienso alejarme de los segundos.


De mi obsesión por las estrellas fugaces

mi mejor filia nunca fue la estrella

sino todo lo demás.


De mis manos solo olvido

que no puedo recordar

por eso escribo.