sábado, 29 de marzo de 2014

Me encuentro a más de medio día de ti.

Teclado, papel y boli. Sentarme de nuevo a los pies de mi cama para repetirme la historia de los labios incorrectos. Utópicas tus maneras enfrentadas en aceras, utópicas mis caderas temblando frente a ti.  Me declaro en crisis de frío por no tenerte bajo mis piernas y solicito una tregua para acercarme a esas botas de cuero negro que en lugar de marcar tus pasos, marcan el peor de mis desastres. Tienes la absurda  capacidad de convertir en ruina todas mis horas puntas. Tengo la inexplicable rutina de convertir en desastre todas mis medias lunas. Las que no aparecen por las noches, las que desvanecen con media sonrisa y un café...me repito reiteradamente...y un café con hielo. Me propongo describirte en medio folio, tomo asiento, fumo y me destruyo, que es todo lo que se hacer cuando te pienso a lo lejos. Desde aquel momento, desde aquel no acordarme de hora y fecha que te cruzaste por primera vez no he logrado acercarme a menos de medio día de ti, ni siquiera en un papel. No he conseguido soñarte, pensarte del todo ni sentarme a tu lado. Y vuelvo a imaginarte en otros brazos para encontrar la manera de olvidarme de tus labios. Vuelvo a tomar aire, vuelvo a intentarlo y vuelvo a salir corriendo sin que me creas aquí. Desde aquel perderme en la estación fantasma de tu cama no he escapado de las cadenas que me dicen que tienes el orgasmo y las maneras más oscuras de esta nada. Desde aquel atisbo de sonrisa compartida entre besos y versos Sabina no he vuelto a saber de ti, no he vuelto a saber de mi. Eres tú el que elijes cuando aparecer, cuando desaparecer, cuando sonreírme...cuanto he de sonreírte. Desde que te he leído soñando no he vuelto a verte del todo despierto, del todo a mi lado, ni al lado de nadie. Desde que nos hemos desnudado todavía no aprendimos nada de nada, ni nada de nadie. Si busco una excusa para ponerte nombre, fecha y sabor, diré que lo guardas en ese rincón en el que escondes el resto de tu vida, sí, en el forro interior de tu chaqueta de cuero. Así como algo pegado a tu pecho, lo suficiente como para mantenerte cerca pero no para volver a verlo. Tengo la sensación de que escribes cada noche un diccionario a parte del resto del mundo que solo tú entiendes, que solo tú sabes y puedes leer. Tal vez por eso nunca te acuestas a tiempo, no como para que parezca que hayas vuelto a dormirte en esa estación fantasma, en tu cama, ni hayas vuelto al lugar en el que me he olvidado las cadenas de tus labios, las caderas y los andamios que he imaginado para  volver a ti. Te propongo a lo lejos una guerra de almohadas, una tercera guerra mundial. Un destruirnos más de lo que nos matan todas esas caladas que dimos por nervios o por ganas de besar. Te propongo un empezar pegados y a ver quién es el valiente que se aleja después. Te propongo una cena de gala, mi mejor vestido, y la cafetería de siempre. Lo siento, me niego a perder las buenas costumbres que nos dieron primeras veces. Te propongo volver a olvidarnos la mañana de una noche larga, si puedes, si quieres. Y si nos queda tiempo, te dejo buscar entre los papeles de tu mesilla el significado de "amor", de "amante", de "noche", de "utopía" y de "seducción".  Que sé que no has logrado ocupar esos espacios, que todavía los conservas en blanco y es lo único que no has manchado de tu nada, de desastres.

Déjame quedarme a vivir en el forro interior de tu chaqueta de cuero. Así como algo pegada a tu pecho, lo suficiente como para mantenerme cerca pero no para volver a verte. Quiero desordenarte el amor, y susurrarte cada noche que una amante cualquiera no entiende de seducción, que te faltan maneras, valor y fuerza. Que te sobra tiempo, corazón.



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