domingo, 2 de noviembre de 2014

Siempre es mejor, a que no nos quede nada.

A veces lo único que nos queda entre las palmas de las manos 
son un puñado de piedras que tirar a nuestro propio tejado, 
hasta romperlo, 
y que se venga abajo.

Un puñado de recuerdos sobre los que pensar 
que todo podría ser mejor si no se tratara de nosotros. 
Que todo podría ser algo así como 
una melodía a piano que no quieres que termine nunca. 

A veces lo único que nos queda entre las palmas de las manos 
es el gusto amargo de un cigarro que acabamos de fumar 
pero que no nos ha calado tan adentro como esperábamos. 

Pero, en realidad, que esperábamos? 
Y, de quién? 

De nosotros mismos, nada, matarnos a base de miradas por que ya no sabemos que decir. 
Mentira, a veces sabemos que decir, pero no a quién. 
Los errores se pagan a punta de pistola y en esta puta ruleta rusa aún no han legalizado las armas, 
eso explica que usemos los besos, 
y los pocos versos que nos dejó Neruda diciendo: 
"Quiero hacer contigo, lo que la primavera hace con los cerezos". 

Y a veces, lo único que nos queda, es darnos cuenta, de que ha llegado el invierno.

Tiene sentido.

Y carencia de brazos en los que cobijarnos 
después de tirar abajo, nuestro propio tejado.

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