viernes, 12 de diciembre de 2014

Veinticuatro del once del catorce.

Hoy las vistas desde el banco de siempre son tropecientas mil veces mejores que de costumbre. Me he parado, de nuevo, del otro lado de la calle para recordarnos, y esta mañana, solo hay mar. La luz sobre él y el azul del cielo forjan una atmósfera cegadora que me obliga a cerrar los ojos. Te veo a ti, pidiéndome que me siente a tu lado y un espacio inmenso de tiempo. Nada. Después vuelves y todos los días es verano. Supongo que a estas alturas no necesito explicar por qué este lugar no está inundado. Y es que, claro, no dejas espacio al invierno si hablamos de ti. Desde luego, hoy las vistas desde el banco de siempre son tropecientas mil veces mejores que de costumbre y yo, sonrío tropecientas mil veces más que nunca.

No hay comentarios:

Publicar un comentario